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Vivir en el momento presente

Vivir en el momento presente

Probablemente para usted no es nada nuevo el encontrarse con personas que andan corriendo; quizá usted mismo ande corriendo para alcanzar a hacer todo lo que se ha propuesto o lo que otros esperan de usted. Esa sensación, si usted se fija y pone atención a lo que su cuerpo le señala, normalmente no es grata: garganta apretada, dolor abdominal, hombros apretados…tensión en alguna parte del cuerpo, boca seca, mal dormir, etc. Cuando esas sensaciones se repiten frecuentemente, la salud se resiente y con eso evidentemente nosotros y los que nos rodean.

Como occidentales que somos, muchas veces no tenemos internalizado que la mente es la que nos provoca estos desencuentros entre cuerpo y mente. La mente quiere hacer muchas cosas, pero el cuerpo no puede ir a la par porque sencillamente es mucho, no está la demanda que nos autoimponemos a escala humana natural. Se nos resiente el espíritu también cuando la mente toma el control, como casi siempre.

El ejercicio de observar lo que pensamos nos ayuda a retomar el control de muestra mente. La mente, nuestros pensamientos, van intrínsecamente ligados con el concepto el tiempo. Y eso nos angustia al pensar en el futuro y nos entristece o enrabia al pensar en el pasado. Sin embargo, lo único que verdaderamente existe es este momento. Todo lo demás, futuro o pasado, existe solo en nuestras mentes, es una ilusión por lo tanto.

Le invito entonces a ejercitarse y reafirmar la idea de que no somos nuestros pensamientos. Y que el quedarse en el espacio entre dos pensamientos es tremendamente regenerador y tranquilizador. Por supuesto, no podemos estar así todo el rato por las exigencias del entorno, pero lo que más podamos. Meditar es una vía despejada para lograr esto, aunque es lenta para muchos de nosotros. También podemos lograrlo estando presentes: por ejemplo, voy a sacar fotocopias y hago solo eso, mi mente está en eso, mi cuerpo entero está en eso, hago un ritual de esto sin pensar en lo que haré apenas termine. Solo allí me quedo, en ese momento. En el precioso y único momento que existe, el de ahora. 

Requiere de entrenamiento, pero vale la alegría. No sabemos cuánta vida tendremos, por lo mismo, hagámosla grata ahora, pues nadie lo puede hacer por nosotros. Y si en el momento presente tiene un problema, haga lo que tiene y puede hacer, sin darle más vueltas en su mente y atendiendo a lo que dice su corazón.