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Mi baile? tu baile? nuestro baile?

A muchos de nosotros nadie nos enseña que el trabajo es como un amor. A nuestro amor lo elegimos con pinzas, deberíamos por lo menos, ya que le daremos buena parte de lo más preciado que tenemos: nuestro tiempo, que es la vida misma. En nuestra sociedad, el trabajo entonces también debería ser considerado como un amor, dado que le dedicamos mucho de nuestro preciado tiempo; sin embargo muchas veces no es así. Inconscientes que somos, invertimos casi 40% del día...y de la vida...en trabajos que cuidamos para satisfacer compromisos económicos asumidos: pagar colegios, arriendo, dividendo, cuota del auto, de la tarjeta, etc. etc. 

A final de la vida, y eso no sucede necesariamente a los 80 años o más, sino en cualquier momento, lo que cuenta no es solo cuánto lograste tener para ayudar a otros, porque hacia el otro estado no nos podremos llevar nada, sino cómo fue el viaje, que huella fuistes dejando, cómo te relacionaste. Y los "viajes" fructíferos, provechosos, amorosos parece que son aquellos donde nos tomamos el tiempo de reflexionar hacia donde queremos dirigir la propia vida. 

Por eso el cuadro, precioso para mi, de Jack Vettriano: El mayordomo cantante. No vaya a ser cosa que estemos regalando nuestras horas de vida solo por dinero, ayudando a otros a lograr sus sueños. Eso no tiene nada de malo, si uno esta identificado con el propósito del trabajo, de la organización. Entonces me pongo a disposición del líder, dando lo mejor de mi porque encuentro que es por un bien mayor con el que me identifico, y que tiene un valor mayor que el solo beneficio económico....entonces ya no es "el baile del dueño", sino "nuestro baile"...pero cuando no es así, estamos regalando nuestras vidas...ni más , ni menos....Y dónde se puede comprar tiempo?